Voy a hablar de un hecho muy delicado y del que ninguno queremos saber nada hasta que ocurre, porque nunca creemos que nos va a tocar a nosotros, al menos por ahora. Creo que es necesario plantear que esto sucede y que las más de las veces nos pilla desprevenidos.
No debe ser un tabú hablar de la viudez, es un estado, y me parece que en algo beneficia comentar esta situación tan despiadada, que seguramente tendremos que afrontar todos en algún momento, por lo que en algo pueda consolar o servir de ayuda.
Cuando se marcha tu pareja a mejor vida, la tuya te cambia por completo y, por supuesto, cada persona lo siente de una manera imprevisible y diferente. Es abrumador pensar que, al insoportable dolor que la muerte de tu compañero te causa, se suma todo lo que ocurre y detallamos a continuación, porque esto no ha hecho más que empezar…

La familia puede apoyar en casi todos los casos, las hay super protectoras o, por el contrario, mucho más despegadas. Algunos familiares se acercan más y otros dan más espacio, tiene que ser la persona afectada la que marque sus propios límites. Y, otros no saben que decir, es normal, porque todos están aprendiendo a adaptarse a esta nueva, inexplorada y tremenda realidad.
La viudez, que voy viendo con pavor en personas cercanas y amigos, me da un gran vértigo. Me aterra pensar en ella, sobre todo por el hecho de quedarme sola, intentando sobrevivir a esta circunstancia tan dura, sin el fiel compañero con quien he compartido y superado tantas cosas.
Sumado a la desgracia, aparece el profundo trauma de comprender que se han arruinado todos los propósitos planeados para disfrutar de una de las etapas más bonitas del trayecto, con esa tranquilidad tan ansiada de poder dedicar el tiempo a nosotros mismos.

Por eso, el sufrimiento es por partida doble, un castigo enorme del destino que nos deja hundidos por la irreparable pérdida, y que quiebra a la vez nuestros futuros proyectos.
Y, no podemos agarrarnos desesperadamente a nuestros hijos si los hay, porque no sería justo, ellos tienen su propia vida y nosotros tenemos que vivir la nuestra.

Aunque, puede ser de gran ayuda saber que están ahí porque, de alguna manera, son grandes aliados para que la ilusión no se pierda del todo.
Luego se siente también como se pierde el espacio que ocupabas en las reuniones en parejas a las que solíais asistir, ya no te invitan para que no se les descabale la mesa, suena duro, pero a veces sucede así.

Los amigos se alejan para evitar los silencios incómodos, notas que ya no eres bien recibida y eso te humilla todavía más, o para evitarlo ante la sospecha de que pueda suceder, te excluyes voluntariamente.
Es muy doloroso comprobar como las amistades te van poco a poco abandonando, lastima descubrir que personas que creíamos incondicionales ya no están. Duelen los que se fueron, los que no supieron como acompañarnos ni supieron que decir, por miedo, por torpeza o por cobardía, por no saber mirar al dolor de frente.
Y en tu casa vacía ya no soportas el silencio, tienes que poner de día y de noche la radio o la televisión para no oír su doloroso sonido.
Superar la situación y vencer miedos es ir paso a paso, dándole permiso a sentir lo que sientes sin premura. También hablarlo con gente de confianza y buscar apoyo profesional, si es necesario, puede marcar una gran diferencia a la hora de la recuperación emocional.
Pero, eso sí, nunca hay que perder la esperanza, cuando algunos se van llegan otros, nuevas personas nos ofrecerán su apoyo y su cariño, algunas en las mismas circunstancias buscando también consuelo y como llenar ellos mismos sus espacios vacíos. Personas que lo van superando nos enseñan con su experiencia a seguir adelante, porque aún queda mucho camino por recorrer y muchas cosas buenas por vivir.

Otras no, no se sienten necesariamente solas ni buscan alivio, simplemente te buscan a ti porque les seduce tu amistad y tu compañía.
Y están también los que incondicionalmente se quedaron, a llorar si había que llorar, a escuchar si había que escuchar o a respetar tu silencio si es lo que necesitabas.
Se han quedado sin huir de tu tristeza para animarte a que le puedas hacer frente porque te quieren y creen en ti, incluso cuando tú has dejado de hacerlo, para sostenerte y levantarte.
Y al final ves, como a pesar del dolor ocurre el milagro, la esperanza y la ilusión se abren paso porque no está todo perdido, puedes renacer porque en ti todavía queda mucho amor para dar y mucho espacio para recibirlo si abres las puertas de tu corazón. Ese corazón que un día se rompió en mil pedazos y que hoy vuelve a latir con la fuerza de un guerrero que ha peleado con valor y ha ganado la batalla.
Como broche final me gustaría añadir lo que dijo una maravillosa mujer cuyo nombre desconozco y que leí en alguna parte:
