La pequeña Ruina

Había una vez una pareja de campesinos muy modestos que tenían tres hijas. Aunque no andaban muy sobrados de dinero, como el hombre era muy trabajador, a su familia no le faltaba nada, de lo básico se entiende, para muchos lujos sus ingresos no les daba.

Las hijas se llamaban Franqueza la mayor, Virtuosa la segunda y la tercera, la más pequeña, se llamaba Ruina.

Y algunos os preguntaréis, ¿por qué tuvieron que ponerle a la niña ese nombre que parecía no augurar nada bueno? La verdad es que fue una exigencia de su sorprendente madrina. La bebé al nacer tuvo muchos problemas, no se movía ni respiraba y todos pensaban que no iba a poder sobrevivir. Pero, al final, fueron a buscar a una curandera muy apreciada y conocida en el pueblo que consiguió reanimarla y salvarle la vida. Desde ese momento, la mujer se convirtió en su protectora madrina. Y, a cambio de sus servicios, su única petición fue que a la pequeña la llamaran Ruina. Los padres, temerosos de que a su hija pudiera volver a pasarle algo, accedieron pensando que el sólo hecho de ponerle un nombre tan poco atractivo no iba a influir negativamente en su vida.

Quizás podamos pensar que su madrina fue algo cruel al escoger ese nombre para ella, pero no era así. La mujer eligió ese calificativo para dotarla de la fuerza y fortaleza suficiente para que supiera afrontar con determinación los problemas que se le presentaran en la vida. Su objetivo era que saliera siempre victoriosa en la lucha para luego verla renacer como un ave fénix.

Los japoneses tienen una costumbre que nos puede ilustrar como muestra de nuestro aprendizaje, el Kintsugi o carpintería de oro. Cuando un jarrón se rompe emplean esa técnica para arreglar las fracturas de la cerámica con barniz de resina mezclado con polvo de oro, plata o platino. Es una filosofía que plantea que las roturas forman parte de la historia de un objeto y que deben mostrarse en lugar de ocultarse. Además de hacer más bellas las cicatrices, alegóricamente tratan de enseñarnos que no debemos nunca olvidar los errores sino tenerlos presentes como enseñanza de vida pues eso nos ayudará a progresar como personas. Un objeto que se rompe puede ser salvado así de su ruina.

                                           

La niña creció alegre y feliz, las tres hermanas se querían mucho y los bondadosos padres las adoraban. Franqueza la enseñaba muchas, muchas cosas y nunca la engañaba. Virtuosa la instruía en todas las expresiones de las artes: poesía, música, pintura… Ruina era una magnífica alumna y tenía mucho interés por aprender, con lo que pronto se convirtió en una preciosa jovencita muy bien educada, ilustrada, inteligente y buena.

Un día, en uno de sus cotidianos paseos por el campo con los que tanto disfrutaba, se encontró con un joven que lloraba amargamente porque su casa había quedado destruida al haber sido pasto de las llamas. Un pavoroso incendio, causado por la gran potencia de un poderoso rayo, la había dejado hecha una ruina.

Ella le dijo que quizá eso había pasado para que el pudiera construir una nueva casa mucho más fuerte y hermosa. Así, también tendría la oportunidad de corregir muchos de los errores que se cometen la primera vez que se emprende algo y que luego se pueden solucionar si el destino nos ofrece una segunda oportunidad, eso es el progreso y un modo de evolucionar. Así era la forma de pensar y de afrontar los problemas qué a Ruina, desde pequeñita, le había inculcado su juiciosa madrina.

El joven, mucho más animado al escuchar las palabras que con tanta confianza y determinación manifestaba Ruina, le dijo que así lo haría. Para ello pediría ayuda a sus dos hermanos y entre los tres, levantarían una gran casa mucho más grande, renovada y hermosa. La unión hace la fuerza y eso era exactamente lo que necesitaba.

Tras su improvisado encuentro se presentaron, me llamo Esfuerzo, ¿y tú? Yo soy Ruina. Al muchacho le chocó mucho ese nombre en una chica tan hermosa, inteligente y buena, era un contraste extraordinario. Ella le explicó el por qué y el entendió la profundidad de la lección que su madrina con ese gesto había querido enseñarle. Ruina es algo que siempre se puede superar porque es imposible caer más bajo, sólo cabe resurgir y renovarse para ser mejor. El contrapunto a Ruina es edificar, progresar y renacer, y yo me siento muy afortunada al haber sentido siempre ese anhelo de buscar incansablemente ese contrapunto.

Esfuerzo logró construir, con la estimable ayuda de sus hermanos, una magnífica casa sobre las ruinas de los anteriores cimientos. Para entonces Ruina y Esfuerzo ya se habían enamorado y estaban muy ilusionados haciendo planes para su inminente casamiento.

Los hermanos de Esfuerzo conocieron a las hermanas de Ruina y también se quedaron prendados. Franqueza se enamoró de Decisión y, Virtuosa lo hizo igualmente de Coraje. Así que todos propusieron a Ruina y a Esfuerzo emprender juntos su futuro y comenzar con los preparativos para una fastuosa triple boda.

Los padres de todos los muchachos estaban encantados y la augusta madrina de Ruina fue la invitada más feliz, pues estaba más que orgullosa de esa niña que tanto quería, transformada ahora en una persona excepcional. Ella se encargó de confeccionarle a su ahijada el más hermoso vestido de novia que os podáis imaginar, Ruina estaba deslumbrante tanto por dentro como por fuera.

Su madrina también le hizo el mayor de los regalos dejándole una copia de su testamento en la que se establecía que cuando muriese dejaría todos sus bienes a Ruina, a la vez que le pedía que en el momento de su boda cambiara su nombre y pasara a llamarse, Fortuna pues gracias a aceptar con tanta humildad el nombre de Ruina, se había convertido en una maravillosa mujer fuerte y poderosa que había sabido cambiar el rumbo de su destino.

Después de la espléndida triple celebración y rebosantes de ilusión, todos juntos vivieron felices en la magnífica mansión que con tan buena voluntad y empuje habían logrado construir.

Con el tiempo la poblaron de niños que la llenaban de esperanza y alegría. Desde entonces la providencia siempre le sonrió a Ruina -ahora Fortuna- y, a toda su familia, todos los días del resto de sus vidas.

29 octubre, 2025
Ana María Pantoja Blanco

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