La burundanga, de Geli O.F.

Rufino empezó a trabajar como detective con don Anselmo cuando tenía veinticinco años. Resolvieron muchos casos ellos dos solos, hasta que el negocio fue prosperando y contrataron más personal, aunque entre Rufino y don Anselmo había cierta complicidad por ser los fundadores de la Empresa.

Aquella tarde, cuando nuestro agente cumplía veintisiete años, don Anselmo lo llamó a su despacho donde ya estaba su compañero Faustino para comunicarles…

-Chicos, tenemos un caso muy interesante que resolver. Se trata de unos ladrones de joyas, dos hombres y una mujer, que entran en las joyerías simulando que van a comprarle un regalo a la dama y, mientras el vendedor atiende a la joven y uno de los hombres, el otro se da una vuelta por la tienda y se mete en el bolsillo todo lo que esté al alcance de su mano. No son agresivos ni usan la violencia, pero ya hay un sin fin de denuncias y la policía me ha dicho que colaboremos para atraparlos. Tenéis que ir al hotel -se hospedan en el Embassador – y, dentro de vuestro coche esperar a que salgan y seguirlos para averiguar cómo se mueven y que hacen cada día. A ver si conseguimos atraparlos con las manos en la masa y nos apuntamos un buen tanto ante la policía.

-Vayamos en mi coche -dijo Faustino – que está mejor que el tuyo, no sea que nos deje tirados.

Se apostaron a la puerta del Embassador a la espera de que los malhechores salieran, cosa que ocurrió un rato más tarde. Faustino puso el coche en marcha y se dispusieron a perseguir al trío.

-Parece que van a salir de la ciudad, se dirigen a la Carretera de la Coruña.

Tres horas más tarde llegaron a Valladolid.

-Pero a donde pensarán ir, estamos en Valladolid.

-Para saberlo no nos queda otra que seguirlos. Estamos en pleno centro de la ciudad.

-Mira van a aparcar -dijo Rufino nervioso- corre, corre aparca donde puedas, que no los perdamos de vista.

Los siguieron a una prudencial distancia.

-Estás viendo Rufino, entran en la joyería.

-Si, van a dar el golpe.

-Disimulemos, haz como que estamos mirando el escaparate.

-Mira, uno de los hombres se va al otro extremo del establecimiento. Trata de   hacerles unas fotos a ver si los pillamos en pleno “trabajo”.

-Cuidado que ya salen, que no nos vean, yo creo que se han llevado en el bolsillo varias joyas, pero solo he podido grabarles la cara, corramos al coche que se van.

-Si están yendo al otro lado de la ciudad, mira van a entrar en otra joyería.

Esperaron en el coche hasta que salieron, el mismo procedimiento, por fin dejaron la ciudad.

-Está oscureciendo y estos no paran de conducir-comentó Faustino fatigado- se han metido por una carretera comarcal, ¿a dónde irán ahora?, ya tengo ganas de descansar. Mira a ver que pone el panel.

-El cartel pone Palencia. Mira, estamos llegando a Aguilar de Campoo. Yo creo que van a parar aquí para dormir pues estamos a las afueras.

-No será que se han dado cuenta que los seguimos y nos están despistando.

-No, no, no creo, sigamos a ver.

De pronto el coche no quiso andar más.

-¿Qué le pasa que no arranca? -dijo Rufino inquieto.

-Y yo que sé, pero no se mueve.

-Trata de arrancarlo por Dios que se nos escapan.

-Que no, que no, que aquí nos quedamos -dijo Faustino vencido.

-Y, ahora que hacemos, nos hemos quedado sin coche, los hemos perdido y estamos lejos de un sitio civilizado, a estas horas por aquí no pasa ni un alma. Si por lo menos estuviéramos ya en Aguilar, pero estamos en medio de la nada -dijo Rufino desesperanzado.

-Bueno cálmate, no está todo perdido, ahí atrás vi un bar de carretera o un hostal, vayamos por lo menos a cenar.

Detrás de la barra del establecimiento una rubia pechugona, con un cigarro entre los labios, les dio la bienvenida.

-Buenas noches guapos, ¿qué va a ser?

-Yo me tomaría un whisky para compensar el mal trago, -dijo Rufino respirando profundamente – pero creo que es mejor cenar antes

-¿Tienen algo para  cenar? – preguntó Faustino a la camarera.

-Hombre, un par de huevos con patatas fritas y unas rodajas de morcilla se preparan en un santiamén.

-De acuerdo, lo que sea nos vendrá bien, estamos hambrientos y cansados…, ¿tienen habitaciones también?

-Si, claro, pero son individuales.

-No tenemos ningún interés en dormir juntos, así no nos oiremos los ronquidos.

-Mañana Rufino me levantaré pronto y trataré de arreglar el coche, tu levántate y baja a desayunar.

Una vez cenados subieron a las habitaciones, Rufino se quitó la ropa y, cuando se quitaba los zapatos, el manillar de la puerta empezó a girar suavemente y al abrirse, apareció la rubia pechugona con su eterno cigarrillo entre los labios, una botella de whisky y un par de copas en la mano.

-Hola guapo, ¿te apetece tomar una copa conmigo?

-La verdad es que estoy muy cansado.

-Venga hombre, solo una copa.

La osada mujer cerró la puerta y se sentó en la cama, le sirvió la copa.

-Vamos, anímate, ya verás como la bebida te sube el ánimo.

Faustino se levantó temprano y fue a revisar el coche, total una pieza fuera de su sitio. Una vez arreglado se fue a recoger a su colega. Detrás del mostrador había un hombre de mediana edad, mal encarado y con una colilla pegada al labio inferior.

-Buenos días ¿aún no ha bajado mi compañero?

-Yo no he visto a nadie -contestó el hombre de mala gana.

Subió a la habitación, llamó a la puerta.

-¡Rufino, Rufino!, golpeó con fuerza.

No contestó nadie, abrió la puerta que no estaba cerrada con llave y vio a su colega dormido como un tronco, con la cabeza a los pies de la cama, las sábanas en el suelo y medio cuerpo fuera de la cama.

-¡Rufino, Rufino!, despierta hombre que ya es tarde, vamos espabila, muévete hombre, ¡Rufino, Rufino!

Lo sacudió con fuerza, el agente entreabrió los ojos.

-¿Qué pasa, qué pasa?, dijo mirando a todas partes.

-Como puedes estar tan dormido que no eres capaz de despertar.

-¡Oh Dios, mi cabeza, todo me da vueltas, estoy mareado, no sé qué me pasa.

-¿Es que has tomado algo para dormir?

-No, no, nada. Bueno sí, un par de whiskys que me trajo la rubia pechugona.

-¿De modo que estuviste con ella?.

-Sí, subió con una botella y un par de copas, pero ya no me acuerdo de más.

-¡Ay Dios, la burundanga, la burundanga.

-¿La burundanga? -preguntó el compañero extrañado- Ay Rufino, parece un baile latino, el merengue, la salsa, la bachata, la burundanga…

-No, no, que va. La burundanga es una droga, esa pechugona me ha drogado, es una planta que tiene unas campanillas blancas o amarillas que te atontecen, no sabes lo que haces, te quitan la voluntad

-Y ¿cómo conoces tu esa planta?

-Porque cuando éramos niños crecía en la pared del huerto de mi abuela y nos decía: “cuidado con la burundanga, no la toquéis”.

-Y ¿cómo sabes que la pechugona te dio eso?

-Porque ayer al entrar, cerca de la puerta, he visto una pared que la tiene.

(Planta de la burundanga)

Iba hablando mientras se vestía, se tocó el bolsillo de la chaqueta y soltó una exclamación.

-¡Me ha robado, me ha robado, mira Faustino no tengo ni el dinero ni las tarjetas, que mala persona, solo vino para robarme.

-Bueno y para darse un homenaje digo yo.

-Venga bajemos, ahora le preguntamos y nos encaramos con ella.

Una vez abajo Faustino le dijo al hombre de la barra.

-Queremos desayunar y, ¿nos podría servir la joven que nos atendió ayer por la noche?

-¿La Juana? Eso no va a poder ser porque no está, es su día libre. Se va al pueblo y suele tardar dos o tres días en volver. Y, es igual, “pal” trabajo que hay…

-Pues lo siento Rufino, pero nos tenemos que ir -dijo Faustino.

-Sí, sí, claro vamos.

Una vez en Madrid don Anselmo no daba crédito.

-Pero ¿de verdad los habéis dejado escapar? ¡Inútiles, pedazo de ineptos, ya sabía yo que no valéis para nada!

-Bueno jefe, que vamos a hacer si se nos estropeó el coche en el sitio más inoportuno-dijo Faustino pesaroso.

-En fin -dijo Rufino – yo les saqué unas fotos, por lo menos tenemos sus caras.

-¡Ay menos mal! -exclamó el jefe aliviado -ya sabía yo que no me decepcionaríais, haremos copias y las colgaremos en internet y donde haga falta, yo creo que nuestro trabajo va a dar sus frutos y nos apuntaremos un buen tanto ante la policía.

-¿Y, quién me compensa a mí de lo de la burundanga?

-¿La burundanga?- preguntó el jefe extrañado- ¿qué es eso, es que hasta tuvieron tiempo de ir a bailar?

-No jefe, nada de eso, pero es mejor dejarlo así, ya le explicaré otro día que es la burundanga.

20 octubre, 2016
Geli O.F.

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