Otra Navidad frustrada…

Empezó muy bien el mes de diciembre pues los contagios por la Covid se habían reducido bastante y el porcentaje de vacunación entre la población era muy alto. Se entendía que lo más gordo había pasado, así que las restricciones se habían relajado bastante y todo invitaba a hacer una vida medianamente normal.

Después de dos años sin salir de la provincia de Madrid y de cancelar la reserva un par de veces, pudimos irnos por fin una semana a la playa a ver el mar que tanto extrañábamos. Estuvimos en un hotel muy bonito de la Costa del Sol, la verdad es que hizo honor a su nombre pues tuvimos un tiempo magnífico.

A la vuelta del viaje, pues eso, a preparar la Navidad con la mayor ilusión, esperando compartirla con nuestros familiares más allegados, ya que se pensaba que la pandemia estaba lo suficientemente controlada.

Pero, por desgracia, otro año más que hemos tenido que suspender las celebraciones por la maldita Covid que no termina nunca, en su nueva variante Omicron todavía más contagiosa. Ya estamos en la sexta ola de la Covid 6.0., que se reinventa cada vez como si quisiera actualizar su sistema operativo, y eso que estamos vacunados incluso con las tres dosis.

En este momento se han disparado el número de casos y siguen avanzando como un tsunami. Nos dicen que estamos en una situación de riesgo muy alto, posiblemente debido a ese puente de diciembre en el que muchos salimos y en los que algunos no respetaron los más elementales protocolos de seguridad.

Como estoy muy desilusionada y triste, no me queda más que rememorar las Navidades tan inolvidables y gloriosas que he tenido la suerte de vivir en tiempos más dichosos con mi extraordinaria familia, a quien va dedicada con todo mi cariño y agradecimiento esta pequeña crónica.

A mí siempre me han encantado estas fiestas, yo diría que es mi época del año favorita. Me gusta mucho enviar crismas a la familia y a mis amistades más íntimas para mostrarles nuestro afecto y, como si de un regalo que deben abrir se tratase, les abro mi corazón. Lamentablemente, hoy día son muy pocas las personas que mandan una tarjeta o que contestan una felicitación, la mayoría se limita a poner un whats app, mil veces reenviado, impersonal e irrelevante, que se debería dejar para los menos conocidos o los grupos … Y, os hago una pregunta: ¿qué os hace más ilusión, recibir una tarjeta de Navidad en vuestro buzón o uno de esos consabidos mensajes? Creo que no hay color, aunque mucha gente piensa que eso es una pérdida de tiempo y, a la larga, seguro que esta hermosa costumbre terminará por desaparecer.

Bueno, lo siguiente que hacemos es decorar la casa, con adornos que hemos ido comprando a lo largo de toda nuestra vida. No son nada ostentosos, pero tienen un gran significado para nosotros por los gratos recuerdos que nos traen. También ponemos muchas, muchas, intermitentes luces de colores. Y, por supuesto el belén, un modesto misterio que por las noches permanece siempre encendido hasta que nos vamos a descansar.

Asimismo, es una tradición intercambiar décimos para el sorteo de la Lotería de Navidad entre los amigos, compañeros de trabajo y familiares. La monótona cantinela de los niños de San Ildefonso recitando los números premiados el día 22 de diciembre, es la que nos anuncia el comienzo de la Navidad. Esos números nunca tocan, por lo menos a nosotros, sí acaso algún reintegro o pedrea, aunque nos sentimos igualmente afortunados por todo lo que tenemos y como ya sabéis, lo importante es la salud, sobre todo en estos tiempos que corren.

Como somos una familia grande las fiestas las repartíamos: en casa de mi hermana y mi cuñado la Nochebuena, con mis otros cuñados la Navidad y la víspera de Reyes con nuestros hijos, donde se empezó a establecer como tradición cenar una Fondue de carne, luego venía el Roscón y los regalos que nos traían sus Altezas Reales.

Y el día de Reyes, mi hermano y mi cuñada organizaban la magnífica Jornada del Bacalao, con degustación de diversos platos en sus diferentes modalidades: Bacalao rebozado, dourado, al pil pil, etc. y después unas buenas carnes asturianas si se terciaba, además de los variados entrantes, los típicos dulces navideños y el roscón para merendar, que más de uno que yo me sé rellenaba de buen embutido a modo de bocata.

Y el mejor regalo de Reyes, los abrazos y sonrisas de mis sobrinos, dos de los amores de mi vida, cuando les entregábamos los juguetes que sus Majestades habían dejado para ellos en nuestra casa.

Sí, lo que falta, la celebración de Nochevieja, esa nos tocaba prepararla a nosotros. Pero bueno, vamos por partes…

La Nochebuena en casa de mi hermana era de lo más entrañable. Recogíamos a la abuelita y en el trayecto en coche escuchábamos el Mensaje del Rey. Mi cuñado, un gran experto en cocer el marisco, nos preparaba una Mariscada soberbia y los entrantes que venían a continuación, todo buenísimo. No faltaban el Caldo, el Capón, los Chipirones en su tinta y otras especialidades según el caso, porque saben muy bien como homenajear a la familia. Ah, no me quiero olvidar del delicioso Flan que prepara mi hermana porque a nuestra madre le encanta. Todos estábamos encantados y mucho más cuando llegaron sus nietos, que con sus grititos y risitas alegraban la casa jugando felices con los regalos que les había traído Papa Noël.

Cantábamos algunos villancicos flamenquitos para celebrar el nacimiento del Niño Dios e incluso nos animábamos a bailar alguna que otra rumbita. También se establecieron unos cuantos clásicos, mientras mi hermano cantaba Amapola por allí aparecía un simpático personaje, Toulouse-Lautrec, que quería también felicitarnos.

La Navidad en casa de mis otros cuñados también era gloriosa, un árbol parlante que en los últimos tiempos estaba un poco ronquito, nos daba la bienvenida deseándonos Feliz Navidad. Y olía estupendamente, gentileza de mi cuñada que es una gran cocinera y sabe preparar deliciosos platos, recuerdo sobre todo sus famosas Codornices con uvas, su Jamón asado, su Pavo relleno, etc.

Como banda sonora, clásicos villancicos americanos interpretados por Bill Crosby, Frank Sinatra, Dean Martin, entre otros. Tras los Percebes, los estupendos entrantes y la sabrosa comida, venía la tradicional Macedonia de frutas que mi cuñado preparaba para desengrasar y el riquísimo Tronco de Navidad que elaboraba la excelente pastelera.

Luego tocaba abrir los regalos, siempre divertidos y sorprendentes. Después, los primos organizaban sus partidas de juegos de mesa y los mayores, entre copitas y risas, alguna que otra mano de póker.

Las Nocheviejas en casa eran memorables, todos nos arreglábamos para la ocasión, con nuestros brilli-brilli y lentejuelas, aunque nada exagerados, primaban más la creatividad y el ingenio que el dinero que se invertía en las indumentarias. Y os puedo garantizar que todas las féminas de la familia, estupendamente maquilladas y compuestas, nos sentíamos como si fuésemos a desfilar por la alfombra roja. Recuerdo una tienda de barrio que nos daba mucho juego Modas Conchi, hasta el nombre me encanta, que por esta época siempre traía ropa de fiesta a precios muy asequibles, con lo cual no suponía mucho esfuerzo vestirse de gala para la ocasión. Mi madre siempre recibía por su cumpleaños alguna blusita de fiesta que yo le regalaba, en parte para resolverle el problema del atuendo. El cumpleaños de mi madre, el 28 de diciembre, también era otro evento muy destacado entre estas fiestas y se celebraba en un restaurante en el que ella tenía la deferencia de invitar a toda la familia.

La cena de Nochevieja la organizábamos con el mayor esmero. Yo tengo la suerte de tener un marido que, aparte de ser una persona extraordinaria, aunque tenga sus cosillas como todos, entre otras cualidades es un gran cocinero. Qué haría yo sin él, como poco, por lo pronto, morirme de hambre.

Juntos ideábamos el menú, en el que no faltaban un buen Caldo o su exquisita Marmita de marisco, unos Embutidos ibéricos de primera categoría, Langostinos, Sabatitas, Patés, Salmón, Quesos y, a continuación, el plato estrella con el que nos trataba de sorprender cada año: Strogonoff, Pavita asada, sus increíbles Albóndigas, etc. Los vinos y cavas de primera, los dulces, los turrones y los ricos Pestiños de la tía Pepa de Jerez. Imprimíamos varios ejemplares del menú y los repartíamos por toda la mesa como se hace en los grandes eventos. A veces, hasta dejábamos algún que otro pequeño detalle debajo de las servilletas.

Después de la comilona llegaban las Uvas, los brindis, los abrazos y nuestros mejores deseos para el año nuevo, sin olvidarnos de agradecer los buenos momentos vividos en el año que despedíamos. Y una llamada obligada a Estados Unidos, donde reside mi hermana menor con su familia, para felicitarnos y decirnos cuanto nos extrañamos y queremos, pues muy poquitas veces han podido venir a pasar con nosotros las Navidades.

Como broche final el Karaoke, todos cantábamos y bailábamos hasta altas horas de la madrugada nuestros éxitos de siempre: Te estoy amando locamente, Love mi tender, That’s amore, I can’t live is without you, Is impossible y muchos más. Tampoco faltaba nunca el famoso New York, New York, cuántas veces no lo habremos coreografiado. Qué bien lo pasábamos y cuánta complicidad, cuanto echo de menos estas inolvidables veladas. De ahora en adelante parece que nos vamos a tener que conformar con estos nostálgicos recuerdos.

… Y, no me puedo olvidar de la vez que terminamos en urgencias del Gregorio Marañón, pues me resbalé bailando el Kalinka y me partí la muñeca derecha. Aparte del dolor, lo peor fue llegar a casa bien entrada la mañana con mi escayola puesta después de una larga espera sin analgésicos y sin dormir. Fue un gran impacto ver que estaba todo patas arriba, pues habíamos sacado para nuestros shows hasta ropa de los armarios para disfrazarnos. Esa vez le tocó a mi pobre marido currarse toda la recogida además de cuidarme, pero ya veis, todo lo que en el momento resulta fastidioso luego se supera y se convierte en una curiosa anécdota.

Me acuerdo de todos estos momentos que os estoy contando y me emociono, supongo que ya no volverán, pero quería inmortalizarlos. Las familias crecen, los hijos se casan y ya es casi imposible juntarnos todos porque necesitaríamos un hangar, pero “qué nos quiten lo bailao”.

Y para remate la Covid, que nos está matando y robando la ilusión. Este año yo tenía la esperanza de estar juntos en plan tranquilito que es lo que toca, pero al final, seguimos como el año pasado. Viendo el cariz que estaba tomando la pandemia decidimos anular todas las celebraciones, por propia responsabilidad y por proteger a las personas más vulnerables de la familia.

Me da mucha pena, “nos hemos quedado compuestos y sin novia”, aunque sin dejar de dar gracias a Dios por estar vivos y poderlo contar, otros no han tenido tanta suerte.

Quizás no vuelvan nunca esas Navidades tan maravillosas, pero lo qué si es cierto, es que las guardaremos siempre como un tesoro en nuestros corazones.

¡Feliz Navidad y Año 2022!…  y qué este sea el último año de la pandemia.

22 diciembre, 2021
Ana María Pantoja Blanco

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20 comentarios en «Otra Navidad frustrada…»

  1. Ana, muy entrañable y emotivo.
    Yo que te conozco desde hace ya tantísimos años he leído y recordado como eran tus festejos navideños con tu familia.
    Tu gran consorte Sergio y lo excelente cocinero que es.
    Me ha encantado leerlo.
    Tienes recuerdos y vivencias para tres pandemias más, pero por favor…. que no vengan.
    Gracias.
    Un beso muy grande

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  2. Ay, Ana Maria,
    Yo estoy segura que tendremos otras navidades maravillosas, no sé cómo ni cuándo, pero sólo es cuestión de esperar y ya verás como tengo razón!!!!
    Besos y paciencia.
    Mar

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  3. Ana, muy entrañable todo lo que describes, hemos sido muy afortunados de poder vivirlo y compartirlo. Las nuevas generaciones han crecido en esas Navidades, lo tienen en su corazón y eso garantiza que puedan en un futuro replicar lo que con tanto amor hicimos. Un abrazo!

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  4. Las verdad, es una pena que nos esté pasando esto, que parece que no va a terminar nunca, cuando esta película ya la habíamos visto.
    Qué tu melancolía vuelva pronto a transformarse en ilusión, no debemos nunca perder la esperanza.
    Un fuerte abrazo y ¡Feliz Navidad!

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  5. Es triste todo lo que nos ha pasado. Parece que el Covid acecha en las vacaciones y las celebraciones. Cuando era niña esperaba la Navidad todo el año y había alegría, ahora se siente tristeza. No dejes que nadie te robe esos recuerdos. Nuestras expectativas están lejos de la realidad, aun podemos soñar. Te quiero mucho hermanita. Quizás podamos vernos la Navidad del 2022.

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    • Sí Beli, parece que el Covid está aquí para amargarnos la vida y llevarse a tanta gente que no lo ha podido contar. Espero que la pandemia se acabe pronto y ojalá podamos vernos las próximas Navidades. Yo también te quiero hermanita, cuidaros mucho.

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