Martes 13

Hoy es martes 13 y, por lo que para algunas personas este día significa, quiero compartir con vosotros este breve relato.

Tenía un pensamiento bastante absurdo, quería consagrar un día a la holgazanería y celebrarlo todos los martes 13. Se había propuesto inventar “el día del vago” y ponerlo en práctica, siempre que fuera martes y fuera 13, independientemente del mes en que recayera.

Una historia horripilante le sucedió ese día cuando estaba tan a gusto en su casa conmemorando, por primera vez, el curioso día que había instaurado. A primera hora telefoneó a su trabajo y dijo que no iría por estar enfermo. Se volvió a acostar y siguió durmiendo plácidamente hasta satisfacerse.

Se levantó muy tarde y vagueó todo lo que quiso hasta pasada las tres de la tarde que se levantó para comer. Luego, se puso a realizar su actividad favorita, su hobbie por excelencia, que era pintar…

De pronto, un pájaro negro se posó en su ventana y empezó a chillar estrepitosamente. Parecía un animal sobrenatural porque sus graznidos eran espeluznantes.

Intentó espantarlo, pero el bicho empezó a atacarle salvajemente, picoteándole con saña en la cabeza… Le hacía mucho daño y ya no sabía como defenderse. A duras penas llegó a la mesa y pudo coger un cuchillo de sierra que tenía junto a su plato de comida. Horas antes había devorado un filete y no había retirado ni el plato ni los cubiertos, ni tampoco había recogido la cocina. Tenía que ser consecuente con la conmemoración del día del vago, no haría nada que le costara ni siquiera un mínimo esfuerzo.

Como no atinaba a herir al pájaro, pues este era muy rápido, perdió pie y acabó resbalándose con las gotas de su propia sangre que caían incesantemente de su maltrecha cabeza salpicando todo el suelo. Aterrorizado empezó a gritar, ahora con gran desesperación, pero nadie parecía oírle.

Intentó arrastrarse para esconderse en algún lugar donde no tuviera acceso el asqueroso pajarraco, consiguiendo refugiarse bajo su cama. Lo hizo sin ningún miramiento, presa del pánico, desgarrándose toda la espalda con las púas del viejo somier que sobresalían peligrosamente.

En este estadio de desamparo se encontraba cuando oyó un fuerte zumbido que le hizo sobresaltarse… El corazón le latía a toda velocidad y respiraba con dificultad porque sufría una brutal taquicardia. Entonces, se dio cuenta de que estaba acostado en su cama y que se acababa de despertar de una atroz pesadilla. Su despertador había sonado a las siete, como de costumbre, avisándole para que se pusiera en marcha y comenzara a realizar su cotidiana rutina. ¡Que alivio! -pensó-, recobrando el aliento.

Animado y recuperado, se levantó diligentemente y se dirigió al baño a tomar una ducha que le liberara de las tensiones pasadas.

Luego tomó un largo café y se fue a trabajar con el mejor optimismo. Era martes y era 13, una jornada espléndida de sol le daba los buenos días. Y olvidó por completo sus pretensiones, ni día del vago ni nada… Iba a ser un día maravilloso, cargado de ilusiones y esperanzas, que le sonreía desde el amanecer. A él le tocaba ahora rematar la faena y empezar a vivirlo como se merecía.

12 marzo, 2012
Ana María Pantoja Blanco

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