La noche que Madrid se vistió de blanco…

Al comienzo de la segunda semana del año 2021, recién finalizadas las celebraciones Navideñas, muy austeras por otra parte como nos requería la persistente amenaza del coronavirus, se nos pronosticó la temible visita de Filomena. Una borrasca que traía mucha nieve, frío y hielo que cubriría por completo una gran parte de la superficie de España.

En plena pandemia y con muchas restricciones debido a la Covid19, el viernes 8 de enero empezó a nevar intensamente, sin pausa y sin tregua durante treinta horas, con todas las terribles consecuencias que ello comporta, inclusive en lugares en los que apenas se había visto nunca nevar. El fuerte temporal empezó a colapsar carreteras que tuvieron que ser cortadas por intransitables. Allí, multitud de vehículos y camiones de abastecimiento quedaron atrapados en plena noche durante muchas angustiosas horas, sin prendas de abrigo ni provisiones, hasta que pudieron ser rescatados por los equipos de protección civil.

                             

Tan potente está siendo la nevada que en muchas zonas de la capital la nieve supera el medio metro. El aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid Barajas ha tenido que cerrar por el mal estado de sus pistas y la falta de visibilidad.

                             

Inmediatamente, nuestra Unidad Militar de Emergencias (UME), que ya estaba prevenida, fue movilizada para socorrer a todos esos vehículos que habían quedado paralizados por la implacable Filomena.

En esa dura madrugada tres bebés vinieron al mundo, en diferentes puntos de la Comunidad de Madrid, ellos no entienden de restricciones ni temporales. Los equipos de emergencia, después de muchas dificultades, pudieron atenderles y consiguieron trasladarles a sus correspondientes hospitales donde, afortunadamente, los tres niños nacidos en plena tempestad están bien.

Al día siguiente, que por lo demás era sábado, numerosas personas se lanzaron a la calle para disfrutar de la nieve tan poco habitual en la capital, querían recrearse en directo de lo extraordinario de la situación.

El mundo entero ha tenido oportunidad de ver en los medios a diversos esquiadores recorriendo los espacios más emblemáticos de Madrid e, incluso, ha podido presenciar como un trineo tirado por cinco perros husky siberianos transitaba tranquilamente por las calles de Hortaleza.

                             

La gente, ansiosa de experiencias, también se aglomeraba en la Puerta del Sol y hubo que recordarles que todavía el Coronavirus está campando a sus anchas porque seguimos en plena pandemia y que, por propia responsabilidad, deberíamos quedarnos en casa porque el fastidioso bicho no da tregua, además de los numerosos riesgos y peligros que acarrea el temporal, por lo menos hasta que se pueda restablecer medianamente la normalidad.

                              

Y en plena Gran Vía, e improvisadamente, se generó una auténtica batalla campal a bolazo limpio que hizo necesaria la presencia policial para restablecer el orden, pues todo el que pasaba podía recibir un fuerte bombazo sin discriminación alguna.

Pero, no todo era disfrute y diversión, muchas personas seguían arriesgando sus vidas despejando las carreteras para rescatar a las personas que quedaron aprisionadas en sus vehículos y a los sacrificados camioneros que no pudieron llegar a su destino para surtir debidamente a la población del necesario suministro de provisiones y medicamentos.

Por otro lado, en los hospitales se encontraba el personal sanitario doblando turnos ante la imposibilidad de relevo de sus compañeros, ya que en las primeras horas el temporal les impidió desplazarse para acudir a tiempo a sus puestos de trabajo.

Y, creo que no debemos nunca cansarnos de agradecer y de reconocer a tantas y tantas personas que se entregan sin reservas para protegernos y ayudarnos. Profesionales que nunca ponen fin a su jornada de trabajo mientras sean imprescindibles, y a voluntarios que generosamente se ofrecen con sus brazos y palas a despejar los fundamentales accesos a los hospitales. También a todos aquellos que se brindan a atender a personas en situación de emergencia, a los que trabajan sin tregua ni pausa, terminando agotados y exhaustos por la ardua tarea, pero inmensamente satisfechos por el deber cumplido, porque todos ellos son los que siempre nos dan una gran lección de buen hacer a toda la ciudadanía.

Nuestro agradecimiento debe ser también extensivo a esas personas que están recorriendo a pie un fatigoso camino porque no tienen otra opción, a veces más de una veintena de kilómetros, para poder llegar a desempeñar sus ocupaciones en hospitales y en otros servicios indispensables de asistencia a la población. El transporte público tuvo que quedar suspendido en los primeros días, hasta ahora que poco a poco empieza a reestablecerse, excepto el metro que hasta hoy ha estado funcionando las 24 horas, desde aquí un fuerte aplauso a todos sus empleados que han estado trabajando sin descanso para que el servicio no se interrumpiera.

                             

Para colmo de males, algunos ciudadanos se han quedado sin luz desde hace ya varias jornadas y están pasando un frío atroz. Lo peor es que muchas de esas personas son muy mayores y algunos están enfermos sin posibilidad de atención porque viven en lugares inaccesibles donde es más difícil llegar para atender sus necesidades con la inmediatez deseada. Y, qué decir si hablamos de las familias con niños que viven en Cañada Real, un poblado chabolista del sureste de Madrid, que afectados de pobreza energética llevan meses sin luz muriéndose de frío, y sobreviviendo gracias a la asistencia de Cáritas y de algunas ONG´s que les están facilitando alimentos, botellas de butano y algunas mantas, no puedo ni imaginar cómo esta gente está sufriendo la arremetida de Filomena. Y, no me quiero olvidar de las colas del hambre, que no se han interrumpido con el temporal, porque las personas necesitan comer todos los días. Cuánto daño está haciendo el coronavirus que, junto a Filomena, se han convertido en una auténtica bomba de relojería.

Para empeorar las cosas, los meteorólogos están anunciando el desplome de las temperaturas durante los próximos días, que serán extremas y podrían llegar incluso a treinta grados bajo cero en algunas zonas, con lo cual se presagia que toda esa masa ingente de nieve va a convertirse en hielo.

La asistencia a colegios y universidades ha quedado suspendida hasta que no se garantice la accesibilidad segura a los centros y se pide a la gente que, en la medida de lo posible, no salgan de sus casas. Un riesgo añadido es que muchos árboles están cayendo debido al sobrepeso que están aguantando sus ramas y la sobrecarga de la nieve en los tejados también reviste mucho peligro pues se pueden desplomar cornisas y amenazantes pedazos de hielo en cualquier momento.

Es muchísimo el trabajo que queda por hacer, parece que el destino nos está poniendo a prueba. Espero que poco a poco se vayan solucionando las contrariedades que Filomena está causando porque han sido tantos los daños que incluso se está valorando la solicitud para que declaren a Madrid como zona catastrófica. Seguiremos limpiando nuestras casas y nuestras calles, trabajaremos intensamente hasta que se restablezcan por completo los accesos, el transporte público, las comunicaciones ferroviarias y hasta que el aeropuerto esté en pleno funcionamiento. Y seguiremos vacunando, con las vacunas de la esperanza, hasta que se pueda conseguir inmunizar a una buena parte de toda la población.

Y, bueno, espero que sigamos aprendiendo de todas estas malas experiencias y admirando a la gente que siempre nos ayuda y que se crece ante las dificultades. España es un país extraordinario y la mayoría de los españoles siempre han dado un gran ejemplo de solidaridad. Asimismo, deberíamos reprobar a todos aquellos que se portan como verdaderos descerebrados y que no causan más que problemas, sancionándoles con multas equitativas y obligándoles a hacer tareas útiles, pongo como ejemplo los actos vandálicos que han sufrido los autobuses urbanos que tuvieron que ser abandonados en las calles por la imposibilidad de seguir circulando.

         

Perece que no empezamos muy bien el año, aunque confío y deseo que sea cierto eso de que “año de nieves año de bienes”.  Aunque, también me pregunto, con la racha que llevamos…

¿Qué nos deparará el futuro próximo, quizás un ataque de zombis, una terrible invasión de monstruos depredadores o, puede que, una imprevista visita de seres extraterrestres?

13 enero, 2021
Ana María Pantoja Blanco

         

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3 comentarios en «La noche que Madrid se vistió de blanco…»

  1. Y el sufrimiento de los agricultores cuyas cosechas desaparecieron bajo la nieve, no sólo físicamente, sino también como esperanza de futuro…

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  2. Completa descripción Ana, de los acontecimientos que nos trajo la naturaleza más dura en aquellos días. Sujetemos la esperanza de que todos los males se irán y podremos reir felices.

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