La primera vez que…

La primera vez que pude ver a mi pequeño recién nacido
cuando desperté de un profundo sueño narcotizado,
sentí una intensa punzada de compromiso en el corazón
que hizo enardecer mi instinto innato de maternidad.

Toda sensación de desazón y de malestar habían desaparecido,
un enorme sentimiento de amor me invadió por completo.

Estaba extasiada al contemplar a aquella personita
tan diminuta, tan indefensa y tan maravillosa.
Sólo quería cuidarla, protegerla y abrazarla,
y nunca, nunca, me cansaba de mirarla.

Ahora tenía una poderosa razón para seguir luchando
y por la que vivir…Había tanta ternura en ese minúsculo
ser en la que me encantaba sumergirme y empacharme…

Un libro en blanco se me había regalado donde
estaba todo por hacer, por escribir y por descifrar.

Una hermosa vida se estrenaba ante mí resplandeciente
de pureza y eso me estimulaba sobre manera,
me sentía dichosa, plena de dignidad y de honradez.

Nunca me había sentido más bendecida ni más feliz,
ese niño había sido el fruto de nuestro amor y yo
no deseaba más que amarle sobre todas las cosas….

Esa primera vez en que pude alumbrar una vida
fue, sin duda, mi más hermosa y extraordinaria primera vez.

16 diciembre, 2012
Ana María Pantoja Blanco

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